martes, 17 de diciembre de 2013

Battle Masters

Vamos a hacer un viajecito en el tiempo, allá por los 90. Una época mágica donde ir a comprar un juego de mesa, apenas salía de comprar un Monopoly o un Trivial...
Fue en esa época mágica cuando la conocida empresa MB juegos tenía una bonita amistad con nada más y nada menos que Games Workshop (si, los tipejos del Warhammer). No hace mucho habían sacado en conjunto lo que se conoce como el primero juego de mazmorreo en mesa, ¡el mítico Hero Quest!
El éxito fue rotundo, y como todo éxito, ha de tener un segundo golpe...

El juego que vamos a analizar es básicamente el primer juego de mesa de batallas entre ejércitos en el que Games Workshop trabajó. En conjunto con MB juegos crearon ya la magia de las miniaturas Citadel y incluso sin darse cuenta, aposentaron las bases de los ejércitos que no mucho después se vería en la primera edición de Warhamer fantasy.

El niño de la derecha tiene la cara de estar pasándoselo teta.

Si, vale, todo muy bonito y retro, ¿Por donde va la cosa?
Battle Masters te da la oportunidad de comandar un ejército para librar la lucha entre el bien y el mal. Valientes caballeros se parten la cara contra fornidos orcos en batallas de proporciones épicas.

¿En la caja que encontramos?
Mención especial a la caja de Battle Masters, ya que es la caja más incómodamente grande que se pudiera inventar, algo lógico si pensamos en lo que contiene...
Más de un centenar de miniaturas Citadel que habrá que montar en unas grandes peanas las cuales llevan una pegatina con el nombre de la unidad ¡y incluso una bandera!, además de dados, contadores, un torreón de plástico, un mazo de cartas, y un tapete de juego ENORME.

Ten por seguro que tu abuela te mandará guardarlo todo en cuanto lo vea

¿Como se juega?
Cada jugador simplemente coge sus unidades (fácilmente reconocibles entre bichos feos o caballeros en brillante armadura) y se elige una misión del libro de reglas o directamente se despliegan en un lateral del tapete.
El tapete viene señalizado por casillas hexagonales enormes, de esta forma los ejércitos se mueven por el tapete. Las unidades a pie mueven un hexágono y las montadas en lobos o caballos, moverán 2 hexágonos.

Ahora viene lo gracioso. Por turnos cada jugador coge la primera carta del mazo y deja al descubierto la imagen que lleva. Dependiendo de los personajes que estén dibujados en ella, sus representantes en miniatura podrán mover y atacar si pueden (En el caso de los arqueros, una cosa o la otra). Ambos ejércitos comparten mazo, con lo cual no se puede definir un "orden" para mover las unidades, lo cual a primera vista es un absurdo carente de táctica.

Los dibujitos de las cartas resultan bastante graciosos

El combate es simple, cada unidad en su peana indica el número de dados que tira cuando ataca o es atacada y poseen tres vidas, las cuales si se agotan, la unidad muere. En los dados hay símbolos de calaveras, que reflejan las heridas producidas, escudos que representan las heridas evitadas, y caras en blanco que no sirven para nada. Las unidades se pegan a la vez, lo que tampoco ofrece una característica táctica.

¿Alguien dijo Caos?

Existen variaciones por el terreno, ya que este puede afectar al movimiento, ofrecer dados para defender, o en el caso del torreón, una unidad puede subir arriba y aumentar su rango de disparo (el cual en principio es dos casillas).

Como excepciones están el cañón del ejército de los buenos y el gigante de los malos, cada uno tiene su propia manera de jugar y atacar. El cañón a la hora de disparar cuenta con unas plantillas circulares. Una de ellas sirve para marcar el blanco, las otras se barajan y boca abajo se van dejando en los hexágonos haciendo la ruta más corta desde el cañón al objetivo. Luego poco a poco se van destapando y pueden suceder varias cosas. Que el proyectil explote antes de tiempo reventando una unidad por accidente, que rebote y siga el trayecto, con lo cual simplemente hará daño a la unidad donde rebote, o que siga volando sin incidencias. Si el proyectil llega al objetivo, este automáticamente es destruido.

Toda una gracia eso del cañón

En cuanto al gigante, este cuenta con un mazo propio de cartas. Cuando le toca mover, se destapa una carta y depende de lo que salga, el gigante atacará, moverá o se quedará babeando.

Conclusión
Juego simple donde los haya, sin característica táctica, perfecto para el público a quien va dirigido (los niños) o para niños grandes (nosotros) a los que no les apetece calentarse la cabeza y quieren ver como un montón de miniaturas se dan de guarrazos en una batalla épica.

El tapete ahora en invierno se agradece que flipas.

En lo personal
Es curioso ver como la mayoría de ejércitos que más tarde Games Workshop crearía en solitario, están como unidades presentes en el juego. La calidad de las miniaturas me parece soberbia para la época, y el juego una vez montado y a mitad de partida, se ve precioso y simplemente eso da ganas de jugar. Las partidas son muy rápidas y siempre me apetece jugar otra partida antes de desmontarlo. Una joya ya casi imposible de conseguir a no ser que quieras desembolsar grandes cantidades de dinero, pero que yo me alegro de conservar por los siglos de los siglos.


Género: Wargame/Eurogame
Año de publicación: 1992
Editorial: MB juegos junto a Games Workshop
Idioma: Español
¿Depende mucho del idioma?: Para nada
Jugadores: 2 jugadores
Expansiones: Un par, las cuales servían para añadir tropas a ambos ejércitos y poder montar partidas más grandes.
Precio: En su día unas diez mil pesetas, ahora buscándolo en Ebay te sale a lo mejor por 200 euros o más.
¿Precio justo?: Un NO rotundo

¡Y con este retroanálisis concluyo por hoy!

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